viernes, octubre 19, 2007

Un tono más abajo


Me desperté una mañana sintiendo cada borde de los ojos como cien fuegos inmiscuyendose y desconocidos e impertinentes hacían acto de presencia. Pienso en el control al individuo, en la hipnosis a larga distancia, en mis siempre latentes (y justificadamente paranoides) teorías de conspiración. ¿Le habrán echado algo al agua potable? Qué producto tóxico y bajo la manga nos faltará probar. De manera desesperada busco ese algo que me convierta en victima. Debe absolverme de permanecer hasta la hora más oscura de la madrugada, las tres, en un enlace que solo yo puedo sentir con esa caja tonta que me vió la cara. Sumergida en ese sofá burdeo sumergido a su vez en el ocio, la perdida de la noción del tiempo, socorro de invierno, fin de la tanda del día, de la jornada (me apesta esta palabra; me siento como un minero con las orejas pesadas llenas de plomo y carbón).


Los animales del fondo marino me llenan de intriga. Me encantan. Me llevan. Esclavizan mi mano derecha con sentido del humor hace un año. Sus maneras me hacen sentir tan seca y pegada al piso. Es gracioso este hechizo que nos tiene pegados al asfalto. Al pasto. ¿Su prisión es más grande que la nuestra?

Mejor pienso en como me maravilla el efecto del color celeste que todo lo impregna y como la consistencia enrededor afecta al individuo, provocándole delirios de grandeza. Creo que "pulpo" es un nombre indigno. Me molesta y me da vergüenza ajena. ¿Acaso quien se lo puso vivía en una despensa?

Un pulpo gigante en un laboratorio es llevado a resolver problemas absurdos que no le llevan ni dos minutos. No importa que tan complejo sea el laberinto para el humano, para el pulpo de la televisión es solo un trámite que ridiculiza al realizador de la prueba. Y mientras los investigadores se vanaglorian de haber descubierto que los pulpos cuentan con cerebro inteligente, que distingue figuras y toma desiciones, el pulpo debe estar pensando "¿Y qué?"...


Me avergüenzo de mi especie y de mi misma y me voy a acostar.

jueves, octubre 04, 2007

Mi bici anterior JAMÁS me hizo esto sabes?

Hoy un sujeto desalmado y nefasto trató de robarse mi bicicleta, evidentemente de nena, de color rojo brillante y con canastito! Y con el asiento a la altura de alguien enano como yo más encima.



Este hecho furtivo y lleno de sentimientos de locura, envidia y desenfrenados sube y bajas, me hizo pensar sobre mi existencia como una totalidad desconocida y paralela para mi. Como si yo no fuera un yo, como si yo fuera otra persona dentro de una persona que finje ser yo pero que si fuera por el yo que no es yo, andaría en cuatro paras y viviría sobre el árbol de una plaza aleatoria. Viviría en, por ejemplo, ese árbol al que con tanto ahinco he tratado de buscarle un buen recuerdo (shaa jajaj). No, en serio. Tengo un árbol en la plaza las Lilas que... no se como contarlo bien. A la vida: la cosa es que una vez me subí a ese árbol con un sujeto, y después, cuando pasaba por ahi, me acordaba de eso. Pero después odié al sujeto y a su vez al árbol. Y eso no me hacía nada de gracia, por supuesto que no. Entonces intenté de cambiarle la historia pidiendole a otro sujeto que se subiera al árbol conmigo. Pero por razones adversas, él desapareció a medias en el aire y de vez en cuando lo veo flotar y golpearse contra la ventana de mi living comedor. Entoooonces...

SE ABRE LA SEGUNDA VERSIÓN DE LA SECCIÓN "casting de personajes". En esta oportunidad: Personaje: el sujeto simpático del árbol que no desaparece.

Si bien lo recuerdan, la primera versión de está galardonada categoria trató sobre la busqueda de parientes ficticios pero de buen corazón. No conseguí a nadie, pero no importa, porque ya tengo a suficientes parientes de esta indole =)



Y yo empecé hablando de algo nada que ver, seguido de algo nada que ver con lo del principio y así fui cayendo en un espiral de incoherencias jajaj. Pero que solas funcionan. Como las letras de Soda Stereo (con su debido respeto).



Buen dar.

------> Jajajaa siii. Gracias a las recetas de la hermana Bernarda mi bici fue salvada por el señor que barría cerca del lugar de los hechos.
Cuento aparte, el tipo que trató de robarse mi irresistiblemente robable bici nueva es un maestro de los candados con números. Se demoró menos que yo en abrirlo, y yo me se la clave ¬¬.